05 de Octubre de 2019

PASO UNO 

Admitimos que fuimos impotentes frente a las drogas y la vida de otros y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables. 

Para muchos de nosotros, este fue el Paso más difícil de seguir, como padres, creímos firmemente que podíamos y debíamos controlar y dirigir a nuestros hijos. Esa era nuestra responsabilidad. Pero cuando analizamos la vida loca en la que estábamos viviendo, estaba claro que no controlábamos a nuestros hijos ni a nosotros mismos. Nuestras vidas eran ingobernables.

Entre más tratábamos de controlar, más cosas absurdas ocurrían. Todas las amenazas y advertencias, todas las intromisiones y reprimendas no servían de nada. Tuvimos que admitir que éramos impotentes.

¡Cuando lo aceptamos, vino un alivio! No éramos unos fracasados, padres corruptos o maniáticos vengativos. Fuimos sinceros, gente indefensa que había llegado a darse cuenta que había algo más allá de nuestro control.

Una vez que aceptemos y absorbamos este Paso, podemos empezar a trabajar en una cosa que está a nuestro alcance, nosotros mismos. Nuestra paz mental gira admitiendo nuestra impotencia sobre otras personas y afirmando nuestra capacidad de cambiarnos a nosotros mismos.

Hoy aceptaré mi impotencia sobre la vida de otra persona.